La estructura original del antiguo convento de los frailes se modificó notablemente en distintos momentos a consecuencia del cambio de usos del edificio, y muy especialmente con la reforma de Enric Sagnier i Villavecchia en el año 1919 para la familia Peremateu Sors. Este proyecto conservaba el claustro románico, pero confería al edificio un aspecto más cercano a los palacetes coetáneos, ampliaba sus límites hacia el lado norte (plaza del Monestir) e incorporaba parte de la fortificación medieval en la nueva residencia.
El Conventet: privatización y residencialización
La fachada del Conventet: un compendio de elementos románicos de distinta procedencia
La fachada de la bajada del Monestir fue proyectada mediante la incorporación de numerosos elementos procedentes de la colegiata de Santa María de Besalú, entre ellos parte de la escultura del exterior de los ábsides y de las portadas oeste y norte. Esto fue posible, por un lado, por la desamortización y la venta del templo en subasta en 1835 y su posterior espolio y, por otro, por el desarrollo de un mercado de arte por parte de los coleccionistas de la alta burguesía barcelonesa interesados en el período románico.
El claustro del Conventet tras la reforma de 1919
Esta imagen, tomada en el año 1923 por Emili Pellicer i Boulanger, muestra el ángulo noroccidental del claustro del Conventet (con la iglesia del monasterio al fondo) después de las obras de residencialización del edificio, una vez vendido a la familia Peremateu Sors. Inicialmente, tres de las galerías del claustro presentaban dos niveles de altura: el inferior porticado y el superior con un muro corrido y ventanas. Con las reformas, el segundo piso se transformó en una galería porticada con pilares monolíticos de piedra que soportan las vigas del tejado.
La gran reforma en época de Antoni Batlló (1942-1959)
En el año 1942, el Conventet fue adquirido por Antoni Batlló, y se iniciaron unas obras de rehabilitación, bajo la dirección del arquitecto Francesc Folguera i Grassi y el decorador Jaume Llongueras, que se dilatarían hasta 1959. Con esta reforma, el edificio adquirió el aspecto de palacete renacentista, con los esgrafiados que decoran la fachada de la calle del Bisbe Català. En su interior se incorporaron dos nuevas portadas románicas, una de ellas procedente probablemente de Nanclares de la Oca (Álava).