El Bulló que ha llegado hasta nuestros días fue proyectado en el siglo XVIII, aunque aprovechando un sistema de paso medieval desarrollado a través de una tribuna de piedra. Este elemento pétreo, con dos arcos dovelados y bóveda que impostan en un contrafuerte central, funcionaba en origen como una tribuna o elemento en voladizo descubierto, y fue precisamente en el siglo XVIII cuando se cerró, creándose entonces el pasillo del Bulló propiamente dicho.
La estructura primigenia del Bulló: la tribuna medieval
El paso angular del Bulló por el contrafuerte de la sala capitular
Detalle del tramo del Bulló que conecta la tribuna medieval con el contrafuerte de la sala capitular. Con la reforma y ampliación de la sala capitular en el siglo XV, se construyeron los grandes contrafuertes angulares en los que se proyectó un paso que permitiese la comunicación con la tribuna localizada en el cuerpo de la abadía. Con estos contrafuertes perforados se creaba un paso perimetral cubierto, en forma de galería, que después aprovecharía el nuevo paso del Bulló.
Las escaleras de acceso al huerto
En la actualidad, y como consecuencia de las intervenciones contemporáneas de consolidación y reforma llevadas a cabo en este lado del monasterio, la cota de circulación del Bulló y, por lo tanto, su pavimento original fueron sustituidos por un suelo transparente. Uno de los elementos que aún se aprecian es el testimonio del tramo superior de la escalera que permitía comunicar el paso del Bulló con el huerto.
El interior del Bulló
Esta imagen de archivo correspondiente a la fisonomía del paso del Bulló antes de la intervención del año 2004 permite observar las características formales y espaciales originales de este angosto paso. Al fondo, puede verse iluminado el paso pétreo del contrafuerte de la sala capitular.
Vista exterior del Bulló y su cuerpo de iluminación
Al estar buena parte del paso del Bulló adosada al frontis medieval de la abadía, y al quedar oculta por una fachada ejecutada en tiempos posteriores, el Bulló como tal únicamente es visible desde el exterior en el tramo de la sala capitular. Es precisamente en este punto donde se aprecia su estructura en galería, fruto de la reforma del siglo XVIII, con pared de sillares y cubierta de madera. Cabe destacar el cuerpo de pequeñas ventanas que permitían ventilar e iluminar este angosto espacio, manteniendo al mismo tiempo la privacidad y el anonimato del paso.